[….]

—Eres mía —siseó, sin dejar de mirarla con sus ojos ávidos.

Por supuesto que iba a hacer lo que quisiera con ella, estaba implícito en cada respiración de Minnow. La única razón por la que ella estaba allí era por él. Por su enferma posesión, su interés a aprovecharse del don sobrenatural, pero por él. Él era el responsable de cada desgracia que rasgaba el corazón mestizo, y se enorgullecía de serlo, de hacerla sufrir apenas la mitad de lo que él sufría secretamente con su desgraciada existencia. 

[….]

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